Los paralelismos entre el conquistador Lope de Aguirre y el seleccionador nacional (de origen vasco) pueden ser tan sorprendentes que quizá se trate de la misma persona. Las diferencias entre ambos obligan a pensar que se trata de dos personas distintas, tan solo separadas por quinientos años, por una locura incomparable, una tiranía matizada y un delirio con objetivos absolutamente dispares, aunque similares en utopías: uno buscaba el oro de ‘El Dorado’ (ciudad mítica e imposible), el otro intenta ganar una copa mundial hecha con oro, inaccesible para un puñado de soldados temblorosos que jamás pueden ganar una batalla fuera de su casa.
Aguirre, la ira del mestizaje
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